sábado, 22 de abril de 2023

Alimentos con moho: cuáles son seguros para consumir tras quitarlo y cuáles debes tirar inmediatamente

Alimentos con moho: cuáles son seguros para consumir tras quitarlo y cuáles debes tirar inmediatamente: En cambio, si el moho aparece en frutas y verduras blandas como los pepinos, los melocotones y los tomates, hay que tirarlas a la basura. Quesos duros Otro alimento que es seguro comer una vez que se elimina el moho es el queso duro o curado. Ejemplos son el parmesano, el pecorino, el cheddar o el gruyère, donde el moho no es parte del producto, como en los quesos azules. Anderson dijo que los quesos eran seguros de usar después de quitar los mohos porque su densidad y bajo contenido de humedad significa que es poco probable que pueda penetrar más profundamente en el producto.

lunes, 3 de abril de 2023

Entrevista Guillermo Lasso Programa Estefi Espín

Entrevista Especial entre Guillermo Lasso y Estefi Espin


En resumen, y como ayuda-memoria, el gerundio es correcto si expresa anterioridad o simultaneidad, pero es incorrecto si expresa posterioridad, consecuencia o se usa como adjetivo.

Guillermo Lasso, todo lo habla en gerundio; sin embargo, jamás pasa de ese adverbio al ya se hizo. Recuerdo que en mi carrera, era: Si Señor, No Señor, NO TENGO EXCUSA SEÑOR.




Lo que aún es imposible dilucidar, es: ¿Traicionó a Nebot? ¿Nebot + Correa? ¿A su cuñado?

¿Cómo logró hacerse millonario?

¿Dónde está la plata? 


¿Por qué ni siquiera a cumplido una de sus promesas? Guillermo Lasso ¡Superman! Y, tiene que haberse considerado, porque insistió en que en cien minutos tenía todo resuelto.




Tanto menciona "su enorme triunfo de vacunación" ¿Nadie lo tiene al tanto de las noticias sobre las "vacunas" >aparte de ser imposible vacunar contra un virus que muta tan rápidamente< más allá que los propios laboratorios convinieron en ser tratados como un "SECRETO PARA SER LEÍDO, COMPROMETERSE Y OLVIDAR" ¿Por qué ha prohibido entregar la copia del acuerdo?





Ahora se preocupa ¡Por el honor de su familia! Y, poco le importó jurar por su madre que vendería los aviones del dinero de transparentar el robo. 

Eres: Por decir lo menos: Gestor del peor GOBIERNO FALLIDO.

martes, 28 de febrero de 2023

Señor Guillermo Lasso




Le deseo un satisfactorio viaje a Costa Rica, pese a sus graves problemas en Ecuador.



Costa Rica es un bello país y su gente muy agradaable. Segurmente usará el avión presidencial, que usted juro muy eufórico vender.

SOY DE LOS QUE DESEAMOS QUE USTED Y TODOS SE VAYAN, PARA PARAR EL NARCOTRÁFICO Y TERRORISMO EXISTENTE.


SEGURAMENTE USTED ES OBSTINADO O CREDULO E INSISTE EN SU CORAJINA, YO CONOZCO QUE USTED. TIENE OBSESION EN LA PROVINCIA DE LOS RIOS Y PREMIA A LOS FAMILIARES SUYOS CON CARGOS DELICADOS. EMPERO USTED NIEGA QUE FAMILIA DIRECTA SUYA POR NEXO DE SANGRE O AFINIDAD VIOLAN SU CÓDIGO DE ÉTICA.


UNOS VIDEOS Y OPINIONES QUE SI SIENTEN DOLOR PORQUE USTED TIENE CON SUS SOCIOS AL ECUADOR ACABADO.







































































Guillermo, El Ecuador está tan contaminado, que TIENE que consguir ayuda internacional y rogar a nuestros hermanos del Norte; los Estados Unidos de Nortemérica, que ponga su equipo de avanzada para limpiar todo y si ellos desean

¿O quiere pasear con sus quevedeños?

Los suecos finlandenses, ingleses franceses ¡Que nos ayuden! Sin avisar a nadie para que no los ayuden viajando a Venezuela, Brasil, Argentina o Libano.

Nada tenemos contra usted, aunque los que lo conocen les llaman "monedita" por su doble cara.

Y a mi gran amigo Henry "que cree que va a negociar" o los que creen en cifras más falsas que usted; pero, lo usan no bote nuestra fortuna en pagar campañas.

Usted es representante del PUEBLO y somos los que les pedimos
que se vayan todos y en eso son generosos porque usted y sus socios merecen juicios similar a los de Nuremberg.

 












































































jueves, 23 de febrero de 2023

https://www.mep.go.cr/sites/default/files/programadeestudio/programas/civica3ciclo_diversificada.pdf





La filosofía que sustenta el sistema educativo se expresa por medio de la Ley Fundamental de Educación, especialmente en los capítulos en los que se establecen los fines y, especialmente, en el marco filosófico global del sistema estipulado en el artículo 2 de dicha ley, donde se establece que los fines de la educación: 

• La formación de ciudadanos amantes de su patria, conscientes de sus derechos y de sus libertades fundamentales, con profundo sentido de responsabilidad y de respeto a la dignidad humana, • Contribuir al desenvolvimiento pleno de la personalidad humana, • Formar ciudadanos para una democracia en que se concilien los intereses del individuo con los de la comunidad, • Estimular el desarrollo de la solidaridad y de la comprensión humana, • Conservar y ampliar la herencia cultural, impartiendo conocimientos sobre la historia del hombre, las grandes obras de literatura y los conceptos filosóficos fundamentales. De acuerdo con esos principios, la educación debía formar para la vida en un sentido integral: tanto para la eficiencia y el emprendimiento como para la ética y la estética. Los estudiantes debían desarrollar tanto las destrezas y capacidades necesarias para saber vivir como para saber convivir, enfrentando los dilemas de muy diversa índole que nos presenta la vida cotidianamente. Si bien el lenguaje de la Ley es claramente de mediados de siglo pasado, su visión sigue tan actual hoy como entonces... si no más. Sin embargo, vivimos en un mundo – y la excepción – en el que la educación ha tendido a encogerse hacia aquellos aspectos que, por razones tampoco muy bien establecidas, se consideraron más útiles, más prácticos y, por tanto, más importantes que estos otros, que pasaron a la categoría de mero adorno o lujo que se podía tener si había recursos o tiempo, pero nunca a costa del aprendizaje de aquello que se piensa “realmente importante”... aunque no se sepa muy bien por qué o para qué. Hace ya más de treinta y cinco años hubo una discusión peculiar, en su último gobierno, impulsó la creación de nuestra Orquesta Sinfónica Nacional, la Sinfónica Juvenil y la Sinfónica Infantil. ¡Una aventura descabellada! – clamaron algunos, convencidos de que lo importante en aquel momento era dedicar todos nuestros esfuerzos a la producción, a la industrialización, a la modernización de la sociedad – y fue entonces cuando Figueres, que tenía muy clara la importancia de la producción y precisamente frente a unos tractores nuevos que habían llegado al país en esos días, lanzó aquella pregunta lapidaria que acabó con toda discusión: “¿Para qué tractores sin violines”? Entendieron y entendimos... y por eso hoy nuestra producción musical tiene una calidad impresionante. Pero no entendimos del todo: hicimos una parte de la tarea – las orquestas, los músicos – pero nos olvidamos de algo que debió resultarnos obvio: las orquestas y los músicos, los artistas, además de su arte... necesitan público. Y el público ¿necesita el arte? Sin duda, pero primero necesita aprender a entenderlo y a gozarlo para alimentar esa rica y recíproca espiral de la expresión artística y sus múltiples e inesperadas reacciones que, a su vez, generan nuevas expresiones artísticas... y así sucesivamente sin un fin determinado. Programas de Estudios de Educación Cívica. Pero no lo hicimos. Nuestras orquestas tocan a medio teatro. Muchos de nuestros buenos músicos, cuando graban, terminan regalando sus discos. Lo mismo ocurre con otras manifestaciones artísticas: Nuestros pintores dependen, cuando tienen suerte, de unos pocos e insuficientes mecenas. Nuestros dramaturgos – cómo sufren – terminan escribiendo sexy-comedias para que alguien se digne montarlas; pues ésas sí se llenan semana tras semana, mientras el buen teatro es casi tan escaso como el público que lo va a ver. Lo que tuvimos claro al redactar la Ley Fundamental de Educación o al impulsar los proyectos sinfónicos... lo olvidamos en los hechos cuando asignamos los recursos – y recordemos que los recursos reflejan las prioridades mejor que los discursos – de nuestro sistema educativo. No hubo recursos, ni tiempo, ni espacio para las artes, para la educación estética; como tampoco hubo mayor preocupación por la formación ética y la educación para la ciudadanía, que junto con la educación física, las artes industriales y la educación para el hogar pasaron a formar parte de ese peculiar conjunto de asignaturas a las que bautizamos – en un gesto de macabra ironía – como “materias especiales”... cuando lo único que tenían de especiales era la poca importancia que les dimos. Hoy, cuando tanto nos quejamos, sorprendidos, de la ausencia de una educación integral, de la formación ciudadana, de la supuesta “pérdida de valores”... qué poco lo asociamos con esa decisión de menospreciar el espacio y los recursos que dedicamos para que nuestras y nuestros jóvenes tengan cómo y dónde formar su identidad en ese sentido pleno e integral. ¿De qué nos sorprendemos? Una educación para la convivencia en sus diversos sentidos Vivir y convivir tienen muchas aristas: debemos entender que en nuestra relación con los otros – y con el entorno natural del que formamos parte – nos va la vida; ya sea que hablemos del amor o de la guerra; del trabajo o del juego; de las pasiones o los intereses, del ocio o del negocio. Para todo eso, educamos… y para eso, debemos educar a todos. No basta que unos pocos tengan acceso a una educación integral y de calidad: no buscamos una sociedad con alguna gente muy educada, buscamos una sociedad con educación integral y de calidad para todos: una sociedad educada en todo sentido. Por eso la educación debe ser, en parte, una educación para el trabajo, para la producción y el intercambio, una educación para la convivencia económica, una convivencia eficiente y justa que nos permita sacar partido – individual y colectivo – a nuestro ingenio, a nuestro esfuerzo y a los recursos con que contamos. Pero no sólo nos interesa el intercambio y la convivencia económica con los demás, tal y como suele reflejarse en las relaciones de producción, de comercio, y de consumo. Como bien señalaba Adam Smith en su “Teoría de los Sentimientos Morales”, nos interesa – más que ninguna otra cosa – el afecto o la simpatía de los demás, su aprecio, su respeto, su reconocimiento; nos importa qué piensan y sienten los demás sobre nosotros. En pocas palabras, nos importa importarles a los demás. De aquí fluye esa contradicción inevitable que marca nuestras vidas: vivimos simultáneamente entre el egoísmo y la solidaridad. Buscamos poder, prestigio y riqueza, pues creemos que nos brindan todo aquello que tanto anhelamos. Pero al mismo tiempo, buscamos el afecto, el respeto, la solidaridad y el reconocimiento de los demás; pues solo ahí encontramos el sentido trascendente a nuestra vida. Más aún, finalmente hemos cobrado conciencia de que vivimos en un planeta pequeño y frágil, que ya ha dado muestras de no ser inmune a nuestros actos. 




También frente al planeta – frente a la Naturaleza – coexisten paradójicamente la ambición egoísta de extraer y comercializar al máximo sus recursos, con el gozo y la responsabilidad de vivir en armonía con nuestro entorno y garantizar su sostenibilidad y, con ella nuestra propia supervivencia. Para eso debemos educar: tanto para la convivencia eficiente, útil y práctica del mundo del trabajo, del comercio o del consumo; como para la vida plena y trascendente que surge de la convivencia solidaria, del Programas de Estudios de Educación Cívica afecto desinteresado y de la responsabilidad con el medio. Esta no es una paradoja simple y, mucho menos, una paradoja fácil de traducir en recetas educativas. Una educación para la ética, la estética y la ciudadanía Queremos que los estudiantes aprendan lo que es relevante y que lo aprendan bien: que nuestros jóvenes adquieran y desarrollen el conocimiento, la sensibilidad y las competencias científicas; lógicas y matemáticas; históricas y sociales; de comunicación y lenguaje que la vida en sociedad exige. Todo esto es clave, pero no basta. En un mundo incierto en el que pareciera, a veces, que todo se vale; y en el que se vuelve casi indistinguible lo que vale más de lo que vale menos; en un mundo en el que prevalece el miedo, la pregunta de ¿para qué educar? adquiere un significado adicional y angustiante. Al educar para la vida y la convivencia debemos educar para la eficiencia, pues sin ella no habrá forma posible de satisfacer nuestras necesidades; pero es igualmente claro que, al educar, no podemos quedarnos con las necesidades prácticas del egoísmo: necesitamos de la simpatía, de la identificación con el otro y con el entorno, como condición indispensable para la supervivencia de una sociedad libre que convive en un planeta frágil. Es por ello que, como bien señala Savater, frente a la incertidumbre, la humanidad debe guiarse por esas grandes fuerzas que la han guiado a lo largo de su historia: la ética y la estética, la búsqueda de qué es lo bueno, qué es lo correcto; y la búsqueda de qué es lo bello. Así, como tanto ha insistido Gardner, a la educación que prepara para la búsqueda pragmática y dinámica de ‘lo verdadero’ debe agregarse la educación que forma para la búsqueda trascendente de ‘lo bueno’ y ‘lo bello’: una educación en la ética y la estética, como criterios fundamentales – y nunca acabados – de la convivencia humana. Una educación para la ciudadanía democrática, una educación que nos libre de la discriminación y el miedo. Nuestros jóvenes no pueden crecer sin criterios propios en un mundo en el que se diluye el imperativo moral de luchar por aquello que es humanamente correcto o bueno. No podemos educar ni en los valores inmutables de los conservadores ni en la cómoda ambigüedad de los relativistas, sino en la búsqueda de qué es lo que nos permite vivir juntos, con respeto, con simpatía, con solidaridad, con afecto; reconociéndonos y aceptándonos en nuestra diversidad y entendiendo nuestra responsabilidad para la preservación de este, nuestro único entorno natural, al que estamos indisolublemente ligados. Para eso, educamos. De la misma forma, debemos educar en la estética, para que nuestros jóvenes aprendan a gozar de la belleza natural y artística; para que sean capaces de apreciarla y valorarla; de entenderla – conocer y respetar sus raíces y experimentar sus derivaciones y combinaciones – para poder así comunicarse y expresarse, ellos mismos, artísticamente. Debemos recuperar la educación física en su sentido más integral: tanto como la educación para una vida saludable, para el ejercicio y movimiento de nuestros cuerpos, para elevar la disciplina y sofisticación con que somos capaces de utilizarlo; como una educación para el juego y la sana competencia, una educación que utiliza el juego como situación e instrumento de convivencia, de aprendizaje de reglas, de respeto al otro, de estímulo a la excelencia, de comprensión de las diversas capacidades y gustos; y, en especial, de disfrute del compañerismo. Educamos para la cultura, para los derechos humanos y para eso que hemos llamado un ‘desarrollo sostenible’. Educamos para cultivar esa parte de nuestra naturaleza humana que no viene inscrita en el código genético, sino en nuestra historia. Educamos para el ejercicio crítico pero sensato – o sensato pero crítico – de la ciudadanía democrática. Educamos para identificar y enfrentar la injusticia; y para cerrar esas brechas que nos separan. Educamos para asimilar las nociones más abstractas y complejas del pensamiento y las formas más sublimes – y no siempre asequibles – del arte, como para manejarnos en los aspectos más indispensables de Programas de Estudios de Educación Cívica 8 la vida cotidiana: cambiar un fusible, abrir una cuenta bancaria, reparar una silla rota, hacer un ruedo, sacar de la caja e instalar la computadora nueva, pegar un botón. Educamos – y esto nunca debiéramos olvidarlo – para erradicar las dos causas básicas de la pobreza: la ineficiencia y el privilegio. Educamos para que prevalezcan el afecto y la razón, de manera que no se repitan los errores del pasado: educamos contra la magia y la tiranía, que suelen alimentarse mutuamente mientras atropellan a la razón y al respeto por el otro. Educamos, en fin, para vivir sin miedo en el afecto y la memoria de los demás... y cobijados por el mismo ecosistema: solo así trascendemos como individuos; solo así sobrevivimos como especie. Es por todo ello que la alfabetización del siglo XXI significa algo más que leer, escribir y operar la aritmética básica; significa poder entender el mundo en que vivimos y expresarnos en los símbolos de nuestro tiempo y de nuestra juventud, y esos son los símbolos de la ciencia, de la tecnología, de la política, del arte, del deporte y la cultura a todo nivel. No podemos aspirar a menos. De eso trata la iniciativa que impulsamos y a la que hemos llamado “Ética, estética y ciudadanía”. Aspectos básicos de la iniciativa Luego de una serie de talleres, discusiones, reuniones y más talleres, acompañados por sendos trabajos elaborados por distintos consultores que se tomaron su trabajo muy en serio, fuimos consolidando un conjunto de ideas para concretar nuestra propuesta, con la que intentamos reintroducir – o introducir mejor y con más fuerza – los criterios para una educación integral que no solo guíe y prepare a nuestros estudiantes para la construcción del conocimiento y la búsqueda – siempre elusiva – de lo verdadero, búsqueda que usualmente asociamos a la razón; sino también para la búsqueda y construcción de aquello que asociamos con la ética y la estética: de aquello que por diversas y cambiantes razones consideramos lo bueno y lo bello, y que asociamos con la pasión. En estas búsquedas, por supuesto, todo se entrecruza – como bien sabían los griegos – pues también somos capaces de descubrir belleza o enfrentar serios dilemas morales en los procesos aparentemente objetivos de la búsqueda científica, y apasionarnos con ella; como de descubrir las peculiares razones del arte o su verdad trascendente. Nada de eso, por supuesto, se da en abstracto, sino en el contexto de este complejo y diverso mundo que nos toca vivir y que nos hace cada día más evidente la necesidad y casi la urgencia de una educación que nos prepare para convivir armoniosamente con los demás y con el entorno del que formamos parte. Una educación ética y para la ética Con respecto a la ética, se enfatizó que no es algo que se pueda aprender como mera información, ni siquiera como ‘conocimiento’... sino como vivencia, como creencia, como convicción y que, por tanto, debe aprenderse mediante una metodología que enfrente a los muchachos con ‘dilemas éticos’ de distintos tipos: • Cotidianos. • Históricos. • Artísticos. • Ficticios. La resolución de estos dilemas no puede ser antojadiza o casual, sino que debe incorporar tanto la adquisición de conocimientos mediante procesos sistemáticos de identificación, investigación, deliberación y resolución de los distintos dilemas. En este proceso, es particularmente importante la confrontación de diversas posiciones mediante procesos respetuosos y tolerantes que permitan elaborar los criterios propios mediante los cuales valorar estos dilemas, desarrollar posiciones frente a ellos, y proponer soluciones – no necesariamente Programas de Estudios de Educación Cívica 9 únicas – considerando los criterios y soluciones de los demás. Finalmente, debe haber un elemento clave de conceptualización y de explicitación de los argumentos, que es indispensable para que las experiencias y vivencias constituyan un aprendizaje en el sentido pleno del término y no una mera acumulación de anécdotas, pues este aprendizaje debe servir a los y las estudiantes para enfrentar dos tipos distintos de retos. Por un lado, el reto – particularmente frecuente – de las respuestas maniqueas a los diversos dilemas: las salidas fáciles, las recetas, las verdades absolutas e inmutables con que tanto nos gusta superar nuestras dudas y enfrentar nuestras opciones. En el otro extremo, está el riesgo de diluir los dilemas en un mero relativismo para el que todo da igual, todo vale igual, todo importa lo mismo... que es como decir nada vale, nada importa: desaparecen los criterios de valoración ética (y, por cierto, estética) y deja de tener sentido la interacción con los otros como una forma de vida. Una educación ciudadana y para la ciudadanía En el campo de la ciudadanía, las diversas experiencias muestran algo que también es cierto en los campos de la ética y la estética, pero que aquí adquieren particular importancia; y es que no basta que la ciudadanía sea parte de una asignatura propiamente dicha. Más aún, no basta que permee el currículo, sino que debe marcar toda la vida del centro educativo e ir más allá: a la relación entre el centro educativo y la comunidad. Si algo es evidente para los estudiantes es la falta de congruencia entre el discurso y la práctica: un discurso cargado de ética y valores ciudadanos acompañado de una práctica autoritaria... simplemente no funciona con los jóvenes. La responsabilidad y los derechos solo se aprenden cuando su conceptualización va acompañada de la práctica y la práctica se conceptualiza. De aquí la importancia de redefinir la relación adulto-adolescente, docente-alumno, escuela-comunidad y, por supuesto, la necesidad de tomarse en serio la educación para el hogar: esa preparación para la vida más próxima, para la convivencia en su sentido más íntimo, más intenso y – sin duda – más difícil, pues incluye desde los detalles más prácticos hasta los sentimientos más profundos. En el campo de la ciudadanía adquieren especial relevancia las competencias, destrezas, habilidades que puedan desarrollar las y los jóvenes para convivir en sociedad dentro de un marco democrático de Estado de Derecho y de respeto a los derechos en su sentido más pleno. Hay prácticas que deben aprenderse y, valga la redundancia, practicarse, hasta que se vuelvan no solo entendidas y practicadas... sino casi intuitivas: el sentir democrático. También hay un conjunto de valores que son fundamentales en la formación ética y ciudadana: valores como la justicia y la equidad; la autonomía, entendida como antítesis del autoritarismo o el mero tutelaje; la tolerancia y el respeto y aprecio de la diversidad; la expansión de la libertad en su sentido amplio de capacidad: soy libre cuando tengo la libertad real de ejercer mis capacidades y mi potencial; la dignidad como derecho a una vida buena y, en especial, como derecho a no ser humillado, a no ser tratado – ni sentirse – como menos que nadie. La solidaridad y la simpatía: la identificación con el otro. La responsabilidad con nosotros, con los otros y con el entorno. El derecho a los sentimientos: el regreso a una educación sentimental. Una educación estética y para la estética Con respecto a la enseñanza de las artes, nos planteamos la necesidad de que nuestra educación logre al menos cuatro grandes objetivos. En primer lugar, se trata de que las y los estudiantes disfruten del arte: ¡simplemente que lo gocen! Decirlo es fácil y hasta parece obvio, pero nos hemos acostumbrado tanto a hacerlos sufrir el arte, repetir el arte, cumplir con el arte... o no hacer nada con el arte, que no siempre es fácil regresar a ese objetivo tan simple de sentir aquello que se hizo para ser sentido con intensidad. La realidad, sin embargo, es a veces descorazonadora y hasta un objetivo tan modesto como este topará con problemas, como ocurre tantas veces en nuestras escuelas y colegios, donde se muestra un cuadro, se escucha una pieza Programas de Estudios de Educación Cívica 10 musical o se hace leer una novela solamente para preguntar luego por algún párrafo, alguna fecha o cierto detalle técnico de la obra... sin dejar espacio siquiera para que un estudiante se permita olvidarlo todo y dejarse llevar por la pasión. En segundo lugar, habría que complementar el disfrute con la apreciación, que no es lo mismo. Apreciar incorpora además elementos de valoración, criterios de calidad y gusto que, si bien no tienen por qué ser rígidos ni únicos – y mucho menos encasillar el arte en géneros ‘mejores’ o ‘peores’ – sí tienen que permitir a cada quien valorar las cualidades de las obras de arte que tiene ante sí y distinguir, dentro de cada género, por qué considera que, respecto a esos criterios, unas puedan ser valoradas con respecto a otras: unas pueden gustarle más o menos que otras... o no gustarle del todo, aunque algún experto insista en que deberían gustarle. Incluso poder decir sí, esta obra es superior a aquella pero, a mí, me gusta más aquella... y ojalá tener argumentos que les permitan entender por qué aprecian así el arte. Aquí lo importante ya no es el mero gozo o la emoción que provoca el arte, sino los criterios con los que apreciamos y valoramos cada objeto o proceso artístico. En tercer lugar, además de disfrutar y apreciar el arte – o para disfrutarlo y apreciarlo en una forma más plena – es necesario entenderlo, comprenderlo en un doble sentido. Por un lado, esto refiere a los elementos que podríamos llamar técnicos y conceptuales de la obra de arte de que se trate: desde las técnicas de la disciplina o disciplinas específicas con que se ha diseñado y construido la obra de arte; hasta los aspectos científicos y tecnológicos que estarían por detrás de determinada tonalidad o brillo de los colores, de determinados movimientos del cuerpo, del balance de una escultura o los timbres de cierta tonada. Por otro, estaría aquella otra parte de la comprensión que tiene que ver con los aspectos históricos de la pieza artística – y, claro, de su autor o autora – que inevitablemente nos remiten a los determinantes individuales y sociales, políticos y culturales que rodean y explican – de nuevo, nunca de manera unívoca – la obra y que, si bien no determinan qué le dice a la obra al receptor sí enmarcan el sinnúmero de procesos sociales – colectivos e individuales – que dan identidad a la obra de arte en el momento de su creación y aquellos que pueden darle muy diversos sentidos según el momento histórico en que fue realizada y aquel en que nos enfrentemos a ella. El punto es que el arte nunca se da en un vacío: ni del lado de su creación ni del lado de su apreciación o percepción. Ambos procesos están socialmente determinados, aunque nunca de forma tan clara que nos permita una interpretación o apreciación única o estática. Es parte de la gracia que tiene la vida... y las expresiones que la vida genera. Cuarto, y como debiera resultar obvio a estas alturas, nuestra iniciativa asume que no podemos limitarnos a que nuestra juventud disfrute, aprecie y comprenda – cada quien a su manera – el arte. Aspiramos a más: queremos que todo eso le permita, a cada joven, expresarse artísticamente: que puedan pintarnos, declamarnos, cantarnos o escribirnos lo que quieran – o necesiten – decirnos o decirse. No buscamos – y esto es importante entenderlo – que cada estudiante sea “un artista” en el sentido tradicional del término – un virtuoso con su instrumento o su medio artístico – pero sí que cada quien se atreva y logre expresar en formas artísticas sus intereses y preocupaciones, sus pasiones y angustias, sus gustos y frustraciones, sus emociones y sus razones, de tal forma que, al hacerlo, busque conmovernos... más que convencernos, ya que si algo busca el arte es eso: conmover. Disfrutar, apreciar, comprender y expresar... cuatro retos de la educación artística que, de lograr incorporarse con más sentido y fuerza en nuestros colegios, transformarían sin duda la enseñanza en esos centros y la vida de nuestra gente joven. 



Pero pidamos más... y hemos pedido más a nuestros equipos de trabajo. Una educación contextualizada Queremos que nuestras y nuestros colegiales se apropien del arte, lo mismo que del conocimiento científico o de su concepción ciudadana, pero que lo hagan con una mente abierta y crítica, no con una mentalidad Programas de Estudios de Educación Cívica 11 aldeana, complaciente o snob. Hoy, cuando hablamos de una educación contextualizada no nos referimos solamente a que cada estudiante debe conocer a fondo sus raíces, su comunidad local, las vivencias de su barrio – o su país – y las formas artísticas, culturales y cívicas que le son propias y que, por supuesto, debe conocer; sino que estén en capacidad de “apropiarse del mundo”. Claro que es importante tener muy claras nuestras raíces, pero no para quedarnos en ellas sino para crecer con ellas y a partir de ellas. El contexto de los jóvenes de hoy no se detiene en el pueblo o barrio, ni en el cantón o la provincia en que viven. No se detiene siquiera en las fronteras nacionales: son jóvenes que forman parte, cada vez más, de una comunidad enormemente diversa pero con algo muy peculiar que también los identifica: una comunidad de jóvenes; jóvenes que comparten angustias y gustos a lo largo y ancho del planeta – como ocurrió, aún sin Internet, en los años sesenta, cuando París, Tlatelolco y Pekín parecían fundirse en un solo instante al ritmo de alguna tonada de los Beatles. Hoy es mucho, pero mucho más intenso ese sentido de pertenencia a un conglomerado global; y no hay aldeanismo que lo detenga. Por eso, disfrutemos, entendamos y apreciemos nuestro arte, hagamos nuestro arte; pero sepamos ser dueños del arte del mundo, un arte construido a lo largo de la historia y que está hoy aquí, disponible para lo que queramos hacer con él. Arte del mundo, arte de todas las épocas y de todos los géneros – cultos y populares –: a eso debemos exponer a nuestros jóvenes si realmente queremos verlos crecer y crear. Lo mismo debe ocurrir con la ciencia, con el deporte, con la política, con la propia vida en familia y con nuestra propia concepción de ser humanos y de los derechos y responsabilidades que esto implica, concepciones que si bien tienen siempre una base y un origen histórico específicos, son también conceptos, visiones y creencias que adquieren una connotación cada vez más universal. Además, pedimos a nuestro equipo de consultores y colegas del MEP un esfuerzo particular en este ejercicio: no limitarse a lo que tradicionalmente hemos llamado arte en el MEP, es decir, algunas formas de las artes plásticas y algunas formas musicales. Hay que abrir el abanico, hay que dejar que la imagen cobre su sentido pleno y cambiante: que incorpore la fotografía y la fotografía en movimiento, el audiovisual, instrumento joven por antonomasia; hay que permitir que la danza se combine con la música en una concepción más plena del movimiento humano que complete esa visión de la educación física que tantas veces se limita a que ellos corren tras la bola mientras ellas hacen porras. ¿Y la novela? ¿Y la poesía? Las tenemos olvidadas y menospreciadas – junto con el teatro y los cuentos – en los cursos de español; cursos que, en nuestra propuesta, deben recuperar su pleno sentido artístico. Una iniciativa que busca impactos más allá de las asignaturas.





domingo, 12 de febrero de 2023

Don Quijote de la Mancha, el Caballero de la Triste Figura

https://youtu.be/t1moA_YcPxI

El iluso caballero

Desde hace 400 años, hay un caballero andante en la literatura mundial que, de hecho, no lo es: Don Quijote de la Mancha, el Caballero de la Triste Figura, que vive aventuras donde no las hay. Toma a molinos de viento por gigantes, rebaños de ovejas por ejércitos enemigos, toneles de vino también por gigantes, posadas por fortalezas y a una sencilla campesina por su distinguida señora. Don Quijote es víctima de su pasión literaria, de su exagerada afición por leer novelas de caballería. Todos los niños conocen al menos uno de sus numerosos episodios; enfrentarse a molinos de viento, por ejemplo, existe hoy en día como expresión. Pero ¿qué hace a esta novela, supuestamente cómica y de más de 1000 páginas, estar considerada no sólo como la obra maestra de la literatura española, sino también haber sido confirmada como mejor novela del mundo por el instituto Nobel en 2002? Son sus distintos niveles de narración, relacionados entre ellos de forma magistral y de entre cuyos renglones se desprende cierta sabiduría, junto a una acertada parodia y el monumental inventario de temas y de personajes lo que convierten a la obra de Cervantes en novela universal en el mejor de los sentidos. Don Quijote fascina a toda persona dotada de fantasía, que se evade con libros o películas, si bien la obra muestra al mismo tiempo lo cómico que puede llegar a ser esta forma de huir del mundo.



El Ecuador se encuentra enfrentando su peor momento de la vida, desde el momento en que creyó en Correantes y siguiendo su ideal, nos engaño e implanto su ideal que se tradujo: En robar y robar mientras fingia que al pueblo le daba obras.

Pronto encontró a muchos más muchos que creyeron que el ejemplo de correantes y utilizar la armadura oxidada de algún ancestro olvidado y montando un pobre (mula que una vez que sirvió, fue puesto en carcel) caballo flaco y arruinado al que bautiza como Rocinante. 

Un mal cálculo lo llama al cuantico que mal pagado, según su versión, pero odiando a don Vidrio, le encarga el poder, sin darse cuenta que este ¿tonto útil? iba a entorpecer su "ideal".


El Caballero de la Triste Figura, casado con una dama de amplias relaciones y buenas conexiones, y pasa de ser un "sapo más" que obtiene una gran enorme fortuna desde un banco (En cuanto al origen de la palabra banco, se sabe que es el derivado del nombre del mueble que utilizaban los cambistas italianos –un simple banco- al igual que lo usaron los trapezita en la antigüedad). Los trapezitas eran los banqueros en la Antigua Grecia. Su nombre proviene del griego antiguo τράπεζα (trapeza), la mesa detrás de la que estaban en las tiendas, a veces destinadas a otro tipo de actividad comercial, pero muy a menudo a las transacciones bancarias.

Los bancos más importantes eran los grandes santuarios, donde los sacerdotes hacían fructificar el dinero que recibían en depósito de acuerdo a los préstamos concedidos a los particulares y a las ciudades. El santuario de Olimpia era el banco del Peloponeso, el de Delfos el de las ciudades de la Grecia central, y el de Atenea Pártenos concedía préstamos a Atenas.

Y el humilde y servicial "Sancho Panza", genio del engaño se coló en el grupo de los grandes asaltantes y da su primer golpe; escondiendo su mano y jugada por correr tras tirar la piedra. Su máxima habilidad es engañar al bigotón e igual que, como el héroe cervantino, antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas. Procede abyectamente y engaña a demasiadas personas.


  

Un demasiado largo preambulo para plantear la UNICA SOLUCIÓN que puede ser viable en este momento.

Es implementar la descision del mandante: El PUEBLO ecuatoriano.
Una vez que se encuentra polilla, que es una mariposa de hábitos nocturnos que desarrolla una metamorfosis completa y que dispone de boca succionadora y dos pares de alas. Sus larvas destruyen el material donde anidan, que puede ser papel, tejido o piel curtida. Identificar las señales de una infestación te ayudará a saber cómo eliminar las polillas con rapidez. 
Existen muchas formas de evitarlas y otros especilizados profesionalmente en acabarlas. Cabe preguntar por qué 
las investigaciones que se han llevado a cabo con el fin de encontrar una vacuna contra el usual resfriado común. Sin embargo, después de tantas décadas y esfuerzo esto no se ha logrado. El motivo es que con más de 200 tipos de virus que causan resfriado, encontrar una vacuna dirigida a todos ellos es prácticamente imposible.


Por la antes dicha razón y las multiples variantes de este virus cualquier "vacuna" es imposible. Lo mejor que podemos lograr es encontrar paliativos, o sea cuidado total activo de los pacientes cuya enfermedad no responde a tratamiento curativo. El control del dolor y de otros síntomas, de problemas psicológicos, sociales y espirituales es primordial”.


















viernes, 10 de febrero de 2023

Ecuador: los laberintos de Guillermo Lasso | Nueva Sociedad

Ecuador: los laberintos&nbsp;de Guillermo Lasso | Nueva Sociedad: Más allá del rifirrafe «normal» en la política, hay tres elementos que explican la intención del gobierno de escalar y tensionar para obligar a un nuevo encuadre de fuerzas. El primero es que se puso en juego la viabilidad del programa real, bastante soslayado en la segunda vuelta y por la campaña de vacunación. Se trata esencialmente de una réplica del recetario neoliberal de los años 90: ajuste y achicamiento del Estado, privatizaciones de los sectores rentables (telecomunicaciones, energía), flexibilización laboral, ampliación de la actividad extractiva minera y petrolera y estímulos a la inversión. Los otros elementos que explican la beligerancia gubernamental, que abordaremos de inmediato, son el inicio de la movilización social y la publicación de los Pandora Papers. La activación de la movilización social A pocas semanas de iniciado el gobierno, se produjeron algunas protestas de sectores agrícolas de la costa por el precio del arroz y el incumplimiento de compromisos de campaña. Pero el malestar más general estaba ligado al incremento mensual del precio de los combustibles, que condujo a una nueva convocatoria a la movilización de la Confederación deGuillermo Lasso | Nueva Sociedad Nacionalidades Indíge

sábado, 8 de octubre de 2022

“Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades”.



Presidente Lasso, la República del Ecuador, está en peligro de ser una población
que morirá de hambre y desnutrición por sus acciones contra el agricultor y, como se puede cosntatar en contra de las mujeres y los niños.


PRÓLOGO REFERENCIAS El año 2020 ha traído consigo una de las peores crisis sanitarias de las que se tenga recuerdos en la historia reciente. En la fecha en que se finaliza este documento, en todo el mundo hay más de 60 millones de personas infectadas por el nuevo coronavirus, y 1,4 millones de personas han fallecido. Las proyecciones apuntan a la mayor caída del producto interno bruto desde la Segunda Guerra Mundial, y a un incremento de la pobreza en América Latina y el Caribe de en torno a 45 millones de personas. Dicha situación afecta fuertemente el empleo y los ingresos, y repercute de manera desmesurada en la alimentación y la nutrición, especialmente de los habitantes más vulnerables de los países de la región. La pandemia de enfermedad por coronavirus (Covid-19) afectará los avances asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 



En lo que refiere a poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, sus efectos aún no han sido medidos de forma completa, pero es muy probable que genere consecuencias inmediatas y duraderas sobre la calidad de vida de la población, lo que pone en serio riesgo la consecución de las metas del ODS 2 “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible” y el ODS 3 “Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades”. 



Lo anterior resulta aún más preocupante por cuanto ya desde antes de la pandemia gran parte de los progresos de la región en materia de alimentación y nutrición habían retrocedido. En 2019, el número de personas que vivían con hambre en América Latina y el Caribe se situó en 47 millones. Esto implica que aproximadamente el 7,4% de los habitantes de la región sufría hambre, pero de forma quizás más importante, significa también un incremento de más de 13 millones de personas en el total de población subalimentada solo en los últimos cinco años. De forma similar, en 2019 más de 190 millones de personas enfrentaba inseguridad alimentaria moderada o grave. Es decir, 1 de cada 3 habitantes de los países de América Latina y el Caribe, no tenía acceso a alimentos nutritivos y suficientes por falta de recursos económicos o de otro tipo. 


El Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe es una publicación preparada conjuntamente por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Panamericana de la Salud/Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Programa Mundial de Alimentos (WFP) y la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).




La presente edición se elaboró bajo la coordinación de Ricardo Rapallo, Representante de la FAO en Guatemala, Isabel de la Peña, Oficial de Programas en la División de América Latina del FIDA, Fabio Gomes, Asesor Regional en Nutrición y Actividad Física de la OPS/OMS, Alessandro Dinucci, Asesor Regional de Resiliencia de WFP, y Paula Veliz, Especialista regional de nutrición de UNICEF. La redacción del texto estuvo a cargo de los consultores de la FAO Sandra Caprile, Jonatan Quintero, Rodrigo Pérez, Arniela Rénique y Giovanna Zamorano y la edición del texto estuvo a cargo de la consultora externa Begoña Merino. Se agradecen los comentarios de los siguientes funcionarios: de la FAO Verónica Boero, Claudia Brito, Giovanni Carrasco, Ruth Charrondiere, Marinella Cirillo, Gala Dahlet, Mariana Escobar, Juan Feng, Juan Carlos Garcia Cebolla, Alejandro Grinspun, Cindy Holleman, Joao Intini, Catalina Ivanovic, Fransen Jean, Israel Klug, Mauricio Mireles, Israel Ríos, María Rodríguez, Marco Sánchez Cantillo, Pilar Santancoloma, Jung-eun Sohn, David Torres, Menkar Valladares y José Valls Bedeau; del FIDA Juan Ignacio Cortés, Oscar Grajeda, Andrijana Nestorovic, Fernanda da Rocha, Leonardo Umaña y Hardi Vieira; de la OPS/OMS, María Alejandra Martínez y Leo Nederveen; del WFP , Giulia Baldi, Carla Mejia, Marianela Gonzalez, Ana Solórzano, Diana Murillo, Rossella Bottone y Erin Carey, y de UNICEF, Maaike Arts e Yvette Fautsch. Se agradece el apoyo en la edición y la difusión del documento a los funcionarios de la FAO María Alvarez, Joshua Cuellar, Paula Figari, Benjamín Labatut, Mariela Ramirez, Cecilia Valdés, Maximiliano Valencia, Mariana Young, y, el apoyo en el diseño y la diagramación a Magdalena Dominguez.




martes, 19 de julio de 2022

Lasso el titiritero mitómano

https://youtu.be/H26a08tA5e4



Todos fuimos engañados por Guillermo Lasso.

Nadie quiso creer en tal terrible advertencia que varios hicimos. Aún hoy tenemos personas que se niegan a aceptar que el socialismo del siglo 21 ha sido el sembrador de odio, narcotráfico e inseguridad que soportamos.



La mitomanía es un trastorno del comportamiento.

El psicólogo Juan Moisés de la Serna, que ha tratado a varias personas con este problema, considera que "el mitómano busca con sus engaños la aceptación de los demás. Compensar sus bajos niveles de autoestima".

"El mitómano para detectarlos es necesario descifrar la intencionalidad de sus actos, es cierto que existen condicionantes en la niñez que pueden facilitar su aparición, especialmente la baja autoestima".

Los actos de este ciudadano están ligados a varias enfermedades mentales como la demencia, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno antisocial o el trastorno bipolar.



Hay gente tan adicta a la mentira que para ellos significa una "forma de vivir".

Aunque los hay, que manifiestan una sobredosis en engaños que finalmente se vuelve evidente. 

Los únicos que escapan al castigo son los políticos. Dominan a la perfección el inventar lo que jamás cumplirán, falsean, fantasean, etc. etc. hasta hacer de ello su "trabajo" habitual. 

De hecho, elevan sus mentiras a la "categoría de arte". Un político miente, cuanto más mejor. Están al margen de todo, sin realidad y sin expectativas de tenerla, obsesionados con sobrevivir sin valorar moralmente medios para conseguirlo honradamente. 

Por la antes mencionada razón los que desean manejarlos le aplauden todas las mentecatadas para mantenerlo contento.



Y, por supuesto, odiará a todo el que sea honesto con él. Incluso llegan al punto de presentar sofismas con sus muy planificadas "realidades plantadas y bien manejadas".

Por las buenas jamás aceptarán que valen menos que nada e igual que el salvavidas debe poder comprender los primeros síntomas y sacar del agua rápidamente, sin permitir ser ahogado tratando de salvarlo.